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Hace menos de dos semanas la UE daba a conocer su plan para impulsar la inteligencia artificial en el Viejo Continente. Ayer, el grupo de expertos en esta materia, nombrado por la propia Comisión el pasado mes de junio y formado por 52 personalidades del mundo académico, empresarial y de la sociedad civil, publicó un primer borrador con directrices éticas para el desarrollo y uso de la inteligencia artificial (IA) en la región.

En éste se exponen las vías para que los desarrolladores y usuarios de estas herramientas se aseguren de que éstas respetan los derechos fundamentales, la normativa aplicable y los principios básicos, y también cómo esta tecnología puede ser técnicamente robusta y fiable.

“Los seres humanos tienen un código ético, una comprensión de lo que está bien y lo que está mal y un sistema de leyes que apoya todo esto. Se necesita un código y un conjunto de reglas similares para la IA”, reza el borrador. Éste apunta que la AI debe adherirse a las normas básicas de seguridad. En este sentido, no debe utilizarse para dañar a los seres humanos de ninguna manera; no debe restringir la libertad humana (“la gente no debe ser subyugada o coaccionada por máquinas accionadas por IA”); debería utilizarse de manera justa y no discriminar o estigmatizar; debería funcionar de forma transparente (“necesitamos saber para qué se está desarrollando la IA, con qué fines específicos y cómo se utilizará”); y sólo debe ser desarrollada para el bienestar de los individuos y de la sociedad en su conjunto, incluso en los países más pobres del mundo.

La ciudadanía y el ecosistema tecnológico en general podrán hacer comentarios sobre este documento hasta el próximo 18 de enero. De forma paralela se están celebrando debates sobre el papel de esta tecnología a través de la Alianza Europea de AI. Será en marzo de 2019 cuando el grupo de expertos presente sus directrices definitivas a la Comisión, que las analizará y propondrá la forma de llevar adelante este trabajo.

Unas directrices que “hay que garantizar en la práctica”

“La IA puede aportar grandes beneficios a nuestras sociedades, desde ayudar a diagnosticar y curar el cáncer hasta reducir el consumo de energía. Pero para que la gente acepte y utilice los sistemas basados en la IA, necesita confiar en ellos, saber que se respeta su privacidad y que las decisiones no son tendenciosas. El trabajo del grupo de expertos es muy importante en este sentido y animo a todos a compartir sus comentarios para ayudar al grupo a finalizar las directrices”, en palabras de Andrus Ansip, vicepresidente del Mercado Único Digital.

Para Mariya Gabriel, comisaria de Economía Digital y Sociedad, “el uso de la inteligencia artificial, al igual que el uso de toda la tecnología, debe estar siempre alineado con nuestros valores fundamentales y defender los derechos fundamentales. El propósito de las directrices éticas es garantizarlo en la práctica”.

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